México terminó peor que en 2006

Adolfo “Bofo” Bautista no apareció en el juego. Foto: Jorge Barrera/ESTO
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Édgar Luna C.

ENVIADOS ESPECIALES

Johannesburgo, Sudáfrica.- Todo se combinó. La ineptitud de un asistente de banda; la cobardía de un árbitro; un técnico que quiso inventar en el juego más importante de su carrera, y jugadores que se cayeron en el momento clave.

Noche triste en Johannesburgo, noche en la que la mejor generación de la historia fue hecha trizas por un “matón”, de nombre Argentina.

¿Qué quiso hacer Javier Aguirre al meter de inicio a Adolfo Bautista? ¿Por qué si quería toque, no metió a Cuauhtémoc Blanco? ¿Por qué la gente de experiencia falló en los momentos claves?

Preguntas, algunas, que deberá responder Javier Aguirre, quien volvió a fallar en la táctica en los momentos claves, y otras que se quedarán sin voz. La realidad es que México queda fuera otra vez de la ronda de octavos de final, no cambiaron la historia, fue la misma y hasta peor terminada que hace cuatro años. Hace cuatro años un golazo fue la diferencia, hoy fue ineptitud pura.

Ahora, a replantear las cosas. Javier Aguirre se irá, ¿quién debe de reemplazarlo? Hizo un Mundial regular, porque México sólo tuvo un buen juego, ante Francia, y lo demás le alcanzó para calificar, no más.

La generación del cambio quedó en lo de siempre. Jugadores como Cuauhtémoc Blanco, Óscar Pérez, Guillermo Franco y quizá Rafa Márquez dirán adiós; los demás tendrán que apurar el paso, porque promesas hicieron muchas, pero al final fue lo mismo.

México se va otra vez; en una noche triste que deja un amargo sabor de boca. Hoy, cuando más se necesitaba el plus, todo quedó en palabras al aire. Nada más.

LA NOCHE TRISTE

Hasta el gran error del asistente Stefano Ayroldi, el juego estaba parejo, muy difícil, pero parejo. México y Argentina con sus “armas”, trataban de hacer daño, de controlar el partido, de llegar a la portería contraria. Javier Aguirre sorprendió al mandar un 4-4-2, con Gío Dos Santos y Andrés Guardado como volantes, y un doble pivote con Gerardo Torrado y Rafael Márquez en el centro, con Javier Hernández en el eje del ataque, pero lo que no se entendía era la inclusión de Adolfo Bautista, quien pasó de noche en la primera parte y lo único que provocó es que pareciera que México jugaba con un hombre menos. Argentina juega fácil, “se la damos a Messi” y él mueve al equipo; así es. Lío la tiene, pero lo que encuentra primero son las piernas de Torrado, Márquez y compañía. El árbitro defiende al habilidoso, promete amarillas si lo vuelven a tocar y ante la inmunidad, hace lo que quiere, filtra pases y hasta sirve para el gol en fuera de lugar de Carlos Tévez.

Antes de que eso sucediera, México bajaba el ritmo de juego, tocaba y tocaba, pero la zaga argentina no se abría, así que Carlos Salcido tuvo que probar de lejos a Sergio Romero, quien hizo confianza en el primer disparo, el cual casi se le cuela, y en el segundo, aunque iba al cuerpo, se lanzó para alejarlo de él.

Si hubiera entrado ese balón; si el asistente se hubiera atrevido a reconocer su error en el primer gol argentino, quizá México no se hubiera desubicado; quizá Márquez no se hubiera echo amonestar, y lo peor, quizá no hubiéramos “perdido” a Ricardo Osorio.

El de Oaxaca había tenido un gran Mundial, pero lo perdió cuando le dio en bandeja de oro el balón a Gonzalo Higuaín, y el “Pipita” enterró las aspiraciones.

Osorio ya no se recuperó de esto, México tampoco. Argentina cedió espacios; Heinze se vuelve el villano y brinca con Cuauhtémoc Blanco en la banca.

Lo mejor que pudo haber pasado fue que el primer tiempo acabara, porque si no es por Óscar Pérez, Di María nos hace el tercero.

Pero el hubiera no existe. Ni existió…

Aguirre desperdició 45 minutos al jugar con el “Bofo”, y cuando Pablo Barrera entró para remediar las cosas, México estaba más que noqueado. Tévez metió un trallazo y el “Conejo” no pudo detenerlo, y la historia estaba escrita.

Argentina comenzó a consentir; comenzó a dejar que México se creciera. Pablo Barrera le hizo túnel a Otamendi en el área, pero decidió mal al tirar. Aguirre hizo cambios lógicos, al fin. Guillermo Franco entró, el equipo se acomodó de otra manera, y así el “Chicharito” pudo lucirse al hacer un gran tanto. Pero de ahí no pasó la reacción mexicana. Además de que el árbitro estaba con la tendencia de dejar que los sudamericanos hicieran lo que quisieran en el campo.

No hubo más. Messi, para consuelo de muchos, no anotó. Y México se quedó fuera. Otra vez. Ante una Argentina no tan poderosa, pero sí “matona”. A esperar cuatro años más, por lo menos.