La Marcha por el Orgullo Lésbico-Gay-Bisexual-Transgénero (LGBT) reunió la tarde de hoy a la comunidad diversa de Cancún, para demandar al gobierno municipal y de Quintana Roo, derechos jurídicos y de acceso a la salud, así como políticas públicas que garanticen su respeto ante las leyes y su seguridad ante ataques homofóbicos.

Horas después de la derrota sufrida por la selección mexicana, ante el equipo de Argentina, en el Mundial de Sudáfrica, integrantes de la comunidad de la diversidad de Cancún, en compañía de amigos y familiares, salieron de la Plaza del Toros para marchar pacíficamente hacia el tradicional Parque de las Palapas, ubicado en el centro de la ciudad.

La caravana multicolor, a pie o a bordo de automóviles demandó la erradicación de la homofobia y el respeto a sus derechos sociales, jurídicos y de salud.

El contingente acaparó las miradas de ciudadanos y turistas que lo mismo les fotografiaba o les grababa con celulares, a su paso por uno de los andadores que conduce hacia el Parque de las Palapas, a donde arribaron pasadas las 18 horas.

Ahí se toparon con las familias que suelen pasear por la plaza pública, rodeada de puestecitos de comida y artesanías.

“La homofobia es un flagelo con el que tenemos que terminar. Familias, apoyen a sus hijos, no estamos topando con jovencitos y chicas de 16 años que son expulsados de sus casas porque sus padres no aceptan que son gente diversa”, indicaba Roberto Guzmán, uno de los activistas que se caracterizó junto con otros, de luchadores como Blue Demon o el Huracán Ramírez, para simbolizar la batalla contra el prejuicio y la ignorancia.

El dirigente del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en el Distrito Federal, Manuel Oropeza, exigió ahí que existan condiciones de igualdad para todo ciudadano, independientemente de su orientación sexual.

“Somos un indicador político y de derechos humanos. La comunidad homosexual también aporta a esta nación que es México y debemos tener los mismos derechos y obligaciones”, dijo.

El comité organizador, habló del pliego petitorio que se entregó al gobierno de Quintana Roo y, específicamente al candidato a la presidencia municipal de Benito Juárez, con cabecera en esta ciudad, Julián Ricalde.

El primer punto, identificado por el color rojo, es la presentación de una iniciativa de ley, ante el Congreso del estado, para aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo o el reconocimiento legal de las sociedades de convivencia.

El segundo, con el color naranja, busca la integración de programas de salud pública para la atención del Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH).

El siguiente, que tiene el color amarillo, se refiere a la modificación del Bando de Policía y Buen Gobierno para sancionar a todos los funcionarios públicos que dañen física o moralmente a personas, por su orientación sexual.

La cuarta demanda, en color verde, es la declaratoria oficial en contra de la homofobia y la lesbofobia; la quinta petición, en azul, pretende la creación de un comité de la Diversidad Sexual municipal.

La última solicitud es en el ámbito constitucional y corresponde a la modificación constitucional para el reconocimiento legal de las personas que cambien de identidad genérica o sexual, como sucedió con Dorian Edith Hernández Cansino, actual coordinadora de población Transgénero de la Diversidad Sexual del PRD.

Vestida cual Cleopatra, Dorian indicó que sólo en el Distrito Federal la ley permite realizar la operación para modificar, de forma segura y asistida, el sexo biológico, en una Clínica que es la primera en su tipo en toda Latinoamérica.

“El problema es que el reconocimiento legal de tu nueva identidad, sólo aplica para quienes nacieron en el Distrito Federal; si naciste en otra entidad, ya te chingaste. Esto significa que en el resto del país, hay ciudadanos de segunda y perdón, pero yo soy una ciudadana de primera”, aseguró, irguiéndose con todo el garbo que le es posible.

De si existen condiciones en el país, para seguir el modelo de la capital de la República, responde que, mientras la población en general no trabaje en el respeto a las diferencias y “se mantenga ignorante”, la evolución será lenta.

“Esto se agudiza si la comunidad de la diversidad tampoco conoce sus derechos, ni pelea por ejercerlos. O sea, el problema es mucho de educación”, subrayó