Nunca he entendido la intención de tocar y que se canten los himnos nacionales de los países cuando se disputa un encuentro deportivo. Digo, en un mundial, una olimpiada o cualquier otra competencia que se jacte de severa en cuanto a su organización, pues adelante. Pero cuando se hace con el mínimo respeto y se escoge a cualquier pelafustán para llevar acabo dicho ritual, pues simplemente sucede lo que a continuación verán:

Y también pueden ser “pelafustanas”, para aparte de equivocarse, caerse y así complementar el ridículo: