Hace tiempo dijo José Saramago que la palabra más vulgar que utlizamos en nuestro vocabulario, es la palabra: “Gracias”. Porque tanto es sincera como si, tanto es sincera como no…

Ayer recordé estas palabras porque leía el último escrito publicado en su blog y comprendí que la palabra por si misma, puede escapar y convertirse en auténtica, en real, en la verdadera gratitud que experimentan sin temor alguno aquellas personas como él, que vienen a visitarnos a este mundo perturbado una vez cada cien años y a empaparnos con su inmensa sabiduría.

Pero para que sepan de qué se trata o a dónde quiero llegar con esto que están leyendo, les recomiendo ver el siguiente video y después leer ese escrito que me permití tomar prestado de su blog, para compartírselos (y en ese estricto orden). Espero que les guste:

Sigifredo

Febrero 9, 2009 by José Saramago

“Sigifredo López es el nombre de un diputado colombiano secuestrado durante siete años por las FARC y que acaba de recuperar la libertad gracias, entre otros, al valor y la persistencia de la senadora Piedad Córdoba, principal dirigente del movimiento social y humanitario “Colombianos por la paz”. Gracias a una circunstancia que parecía imposible que se produjera, Sigifredo López, que formaba parte de un grupo de once diputados secuestrados, de los cuales diez fueron, no hace mucho tiempo, asesinados por la organización terrorista, pudo escapar a la masacre. Ahora está libre. En la conferencia de prensa realizada en Bogotá tras la liberación, entendió que debía manifestar su gratitud a Piedad Córdoba en términos que conmovieron al mundo. Aquí nos llegaron esas palabras y esas imágenes estremecedoras. Nunca he podido alardear de firmeza emocional. Lloro con facilidad, y no por culpa de la edad. Pero esta vez me vi obligado a romper en sollozos cuando Sigifredo, para expresar su infinita gratitud a Piedad Córdoba, la comparó con la mujer del médico de Ensayo sobre la ceguera. Pónganse en mi lugar, miles de kilómetros me separaban de aquellas imágenes y de aquellas palabras y el pobre de mí, deshecho en lágrimas, no tuvo otro remedio que refugiarse en el hombro de Pilar y dejarlas correr. Toda mi existencia de hombre y de escritor queda justificada por ese momento. Gracias, Sigifredo”.

Escrito en El cuaderno de Saramago

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