hernandezSiempre había creido que la raíz de todos los males que sufre nuestro país, eran la ignorancia, la apatía, la pobreza, la falta de identidad y muchas otras melindrerías que daban paso e incapié a la corrupción, la ausencia de valores, la desintegración familiar y algunas otras ignominias que ya parecen formar parte escencial de nuestra estrafalaria e irrisoria idiosincracia.

No es así. El día de ayer, “nuestro” (y entrecomillo la palabra, así como él pluralisa al hablar, sin otro sentido que el de mofarse del sarcasmo mismo) presidente Felipe Calderón, inauguró el sexto Encuentro Mundial de las Familias 2009 e hizo las siguientes declaraciones:

Palabras de bienvenida a la tierra de María Guadalupe y de San Juan Diego, también de los mártires de la persecución y, no puedo omitir el comercial, del primer santo mexicano, que es además mi patrono, San Felipe de Jesús”.

Y ante la ausencia del Papa Benedicto XVI, dijo a su representante en turno: “La verdad es que lo extrañamos (¿extrañamos?) en México y aquí lo vamos (¿vamos?) a seguir esperando siempre con los brazos abiertos”

Entre saludos: Saludo a mis paisanas y a mis paisanos michoacanos, que sé que se dejaron venir en serio. Saludo también a quienes han sido parte, responsables, no faltará quien diga que culpables, pero en fin, de mi formación y mi educación, son varios: a los Hermanos Maristas, desde luego, a las Misioneras del Espíritu Santo, a las hermanas del Verbo Encarnado”.

Y bueno, ya estándo dentro de las encumbraciones fervorosas y ante tales declaraciones, me es irremediable no denotar mi estupor con el ya conocido por todos: ¡Válgame Dios!

Después hizo alarde de sus conocimientos estadísticos: En México más de cinco millones de familias están encabezadas por la madre, por una mujer. También presenciamos cada vez más que, de acuerdo con la legislación civil, la práctica de divorcio propicia que muchas familias vivan un proceso de desintegración y de reintegración, en ocasiones hacia nuevos núcleos familiares”.

Después utilizó la retórica para ejemplificar con palabras lo bello que es lo bonito: “El amor en todas sus expresiones dentro de la familia, amor paterno, amor conyugal, amor filial, amor fraterno.

Ahora bien, que el hecho de que estos fenómenos ocurran y ocurran cada vez más, no debe llevarnos ni a ignorarlos y menos a dejar en el desamparo a quienes viven en esta situación.”

Y casi al final, fué iluminado por esas poderosas y ocultas fuerzas del bien y que irónicamente terminan  haciendo triunfar al mal, para llegar al climax de la sapiencia y decir lo siguiente: “Vale la pena señalar, amigos, que la proliferación de individuos que hacen de la violencia, del miedo, del crimen y del odio su forma de vida coincide, por desgracia, en una gran medida, con la fragmentación y la disfuncionalidad que afectaron su entorno familiar.

Un gran porcentaje de personas que fallecen en enfrentamientos entre grupos criminales en México y que provocan, desde luego, la mayor atención de la sociedad y de los medios de comunicación son particularmente jóvenes y jóvenes que están totalmente desarraigados de un núcleo familiar; son adolescentes y jóvenes que se formaron en la carencia absoluta no sólo de valores familiares, sino de familia misma“.

Y yo que creía que la culpa era del neoliberalismo, de la pobreza, de la corrupción… ¡No! La culpa es del divorcio y por eso mismo propongo que se prohiba el matrimonio so pena de muerte, por ser considerado (y por simple lógica) como la primera y principal causa de las rupturas conyugales que tanto daño hacen a nuestro amado país. ¡He dicho!

Ya en serio y como mexicano que soy, no sé si reir o llorar… ¡Chale’s!

*Aquí pueden leer el discurso completo: Sala de Prensa del Gobierno Federal

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